El gran silencio es una de esas películas que pasarán desapercibidas para la inmensa mayoría, aunque siempre habrá unos pocos que la sepan disfrutar. Se estrenó el pasado 24 de Noviembre y todavía la podemos encontrar en cartelera en la mayoría ciudades.
En este mundo de estrés, prisas, café, vitaminas, dinero y presiones, donde todos hablan, pero nadie escucha, seguro que alguna vez has sentido que necesitabas salir corriendo, escaparte unos días, semanas, meses o años. Pero probablemente no hayas dado el gran paso que supondría dejarlo todo y habrás aguantado, porque sería un riesgo enorme hacerlo. Bien, puede que entonces te interese este film, ya que al menos, durante las casi 3 horas de metraje, conseguirás evadirte de todo y vivir una experiencia única, que ya ha embaucado a media Europa e incluso a algunos estadounidenses. Y todos coinciden en que se trata de una experiencia extrema de sentarse en una butaca para ver y oír lo más parecido en nuestro mundo, al significado del término silencio.
El Gran Silencio muestra por primera vez el día a día dentro del “Grande Chartreuse” el monasterio de referencia en los Alpes franceses de la legendaria orden de los Cartujos. Una película austera, cercana a la meditación, al silencio, a la vida en estado puro. Sin música excepto los cantos de los monjes, sin entrevistas, sin comentarios.
Cambian las estaciones, los elementos cotidianos se repiten. Una película que no solo representa un monasterio sino que se transforma en uno. Una película sobre la presencia absoluta, sobre unos hombres que entregaron su vida a Dios en su forma más pura: la contemplación.
Cuando en 1984, Philip Gröning habló con la orden Cartuja (destacables por su estricto voto de silencio) sobre la posibilidad de grabarles, la respuesta fue clara: todavía no estaban preparados, era demasiado pronto. En 1999, quince años después, el director recibió una llamada afirmando que el momento había llegado.
Los preparativos de la grabación le llevaron a Gröning dos años. El rodaje duró seis meses, en los que convivió en el propio monasterio: trabajó en la huerta, arregló zapatos, cosió botones, cortó troncos, dio de comer a los animales, lavó, fregó, rezó y, como los cartujos, no durmió ni una sola noche más de tres horas seguidas (los cartujos duermen tres horas y rezan dos, duermen tres, rezan dos, etc.). Y sólo durante tres horas al día, rodó. Grabando sin luces artificiales, sin música añadida, ni cualquier otra cosa que no formara parte de la realidad del monasterio.
Esta película ha desfilado con éxito por los festivales de Sundance, Venecia y Toronto e incluso llegó a rivalizar en taquilla con la última de Harry Potter en su país de origen, Alemania. Algo tendrá, para que esta filmación del silencio, haya cautivado a tantas personas en el mundo.






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