Oh gran maestro de maestros, perdóname por lo que estoy a punto de hacer.

Malcolm McDowell, el recordado Alex de La naranja mecánica, ya había conocido el sufrimiento extremo durante el rodaje de aquella magna película. Sufrimiento que nosotros compartimos cada vez que viajamos en transporte público y al chofer se le ocurre prender la maldita radio. "¡Échenme gasolina!", grita más de uno, con tal de terminar con tal tortura. Alex, en el dolor, hermanos.

(Vía La Ventana Indiscreta)