Tal como anticipé la semana pasada, me alquilé American Dreamz con mucha expectativa…
… pero a los pocos minutos de comenzada la película entendía de qué la iba.
¡Y ojo! No me malinterpreten, American Dreamz es una película muy disfrutable, pero ni de lejos respondía a la formidable crítica que había oído de ella.
En fin. American Dreamz es una de esas películas “lanzadas”. En todo sentido. Está lanzada como una bomba (¿terrorista?) a reírse de la sociedad norteamericana sin tapujos, sin criterio, hasta por momentos, sin gracia.
Pero una vez que uno sabe eso, la disfruta. Su versión literal del presidente de los Estados Unidos es grandiosa, lo mismo su imitación de programas como American Idol, lo mejor es el gay Iqbal que es un estereotipo, sí, pero que no deja de ser gracioso.
Conclusión: ¿querés reírte de los yanquis? Mirala. ¿Quéres hacerlo sin mucha inteligencia? No te la pierdas.
Y es más, a veces estas películas que parecen tan “llanas”, esconden una crítica social fuerte y directa; puede que se pierda entre el delirio, pero si queremos, vemos una suerte de obra maestra oculta entre los harapos.






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