The Fast and The Furious 3
The Fast and the Furious 3: Tokyo Drift es una película extraña. En general, me gusta que las películas se parezcan a sus títulos.
Pero en este caso, que sea rápida y furiosa...no parece tener una total coherencia.

Por empezar, el protagonista es anti-carismático, no hay nada en él digno de identificación o inspiración. Encima tiene los dientes torcidos y habla con un acento sureño odioso. Ah, y aunque parece de 35, no se equivoquen, tiene 17.

No nos olvidemos que los personajes no son sólidos. Es cierto que responden a la acción, ¿pero es necesario caer en los estereotipos tan hondamente? La mujer-objeto (las carreras se inician cuando cae el corpiño de una voluntaria), el negro simpático, el enemigo sin piedad.

Y la acción se sucede sin gran solución de continuidad, simplemente las cosas pasan de inmediato. Primera mirada, ya se enamoró. Primer problema, el padre lo echa. En fin.

Pero existen 3 buenas cosas de estas películas:

  1. Que uno sabe que vaya adonde vaya encontrará coterráneos con los que hablar el idioma. (Incluso los japoneses prefieren hablar inglés en ocasiones).

  2. Que surgen cosas no premeditadas y de lo más enriquecedoras. Por ejemplo, personajes como el japonés Han. De una sabiduría no digna de su edad. Y otros deslices fílmicos más propios del cine independiente y pensado.

  3. Que aprendemos que para ser geniales tenemos que saber hacer "drifts" o patinajes. Así que, ¡a practicar!

Ah! Y otra: como sabemos que no es una película fabulosa, podemos alquilarla en DVD y bajarle el volumen a las ruedas y los metales. Algo que en el cine no es posible.